Ha ganado el juicio al “elemento” al que no voy a calificar, porque no lo considero nada, solo una rata rastrera y malvada.
Sí me gustaría referirme, al daño moral que ha ocasionado este sujeto y quiénes le ayudaron como cómplices en el delito.
Imagino a esta señora que, que un buen día, leyendo una revista, se encuentra con que aseguran que es prostituta.
Pero no contentos con esto, dan todo tipo de datos para certificar lo asegurado, además con “pelos y señales”.
Haciendo un ejercicio, muy fácil para mí, de empatía, me pongo en su lugar.
Incredulidad, ansiedad, preocupación enorme por su familia, sus amigos. Miedo a realizar actividades públicas, a salir a la calle, a las miradas de todos los que están convencidos de que lo escrito, es cierto.
Horror ante la repercusión de la “noticia” y que, salvo sus más allegados, el mundo entero crea en la gran mentira.
Vivir el día a día con esa lacra en las relaciones personales, es angustioso.
En el caso de Ivonne, la mentira es todavía más creíble porque hablamos de una mujer guapa, exuberante e independiente.
Al dolor y el desasosiego, añadamos la permanente necesidad de demostrar la verdad y que la crean.
La crueldad con la que actúan estos despreciables delincuentes, da miedo.
Utilizar el poder para destruir psicológicamente a otro ser humano, debería de estar penado, tanto o más que cuando se ocasionan daños físicos.
Este “elemento” utilizó su revista, otros, todavía más cobardes y ruines, aprovechan el anonimato de la red para difamar, acosar y machacar despiadadamente a aquel que creen, en su locura paranoica, que puede hacer peligrar su poder.
Mi enhorabuena y agradecimiento a esta mujer valiente, que no se ha callado acudiendo a la justicia para conseguir que la verdad prevalezca.
Le deseo que algún día pueda superar el daño recibido y recuperar la fe en el ser humano.
PilinguiñaEncantada