Pilinguiña

20 abril 2008

BENDITA ENFERMEDAD

Filed under: Cuentos — Pilinguiña @ 3:56 pm

Curiosamente mi hermana pequeña seguía despeinada, con la cara sin lavar y en pijama, mientras las demás,  ya hacía un buen rato que nos hallábamos, desayunadas, lavadas, vestidas y repeinadas.
Parecía que la niña se había librado de la cuchara rozando la barbilla, el rápido y doloroso repeinado de trenzas, la fría mano de mamá en el cogote empujando la cabeza dentro del  lavabo,  mientras te lavaba la cara y – el corre que llegáis tarde – además del -ojito con vuestras hermanas pequeñas.

Ese día salimos tristes de casa. Antes de cruzar la esquina echamos la mirada atrás para cerciorarnos de que mi hermana pequeña no vendría con nosotras. La última vez que la vimos, agarraba con fuerza la pierna de mamá. Abatidas,  pasamos del calor del hogar, a la cruel vida de las estudiantes de parvulitos.

Me hubiera gustado preguntarle a mamá porqué se quedaba la niña en casa. No me atreví. Nadie osaba a poner en duda las decisiones que tomaba, ni  pedirle explicaciones a sus decretos. Mi madre era poseedora de una extraña virtud que consistía en  reflejar en su rostro una zapatilla voladora que era capaz de lanzar, a una velocidad, que ni los olímpicos.

Cuando llegamos del cole, papá había colocado la cama mueble en el salón para que la  pequeña pudiera ver la tele, que acostada, se comía una enorme naranja.

La niña nos observaba con esa mirada traviesa y aviesa de los perdonavidas. 

La mayor, al primer despiste maternal y haciendo justicia, le dio un doloroso pellizco. Las demás reíamos, ¡se lo tenía bien merecido, por chulita!

A los gritos de la niña,  vinieron los de mi madre. De inmediato,  todo el mundo se puso firmes.

Aparentemente éramos unas niñas modositas e imbuidas en nuestros deberes, sentadas sin movernos alrededor de la mesa camilla,  pero la realidad era otra. Por el rabillo del ojo,  no le quitábamos la vista a la pequeña. En cuanto mamá se levantaba para hacer algo, la mirábamos desafiantes, sin poder evitar sentir envidia de la privilegiada situación por la que atravesaba nuestra hermana.

¿Qué podíamos hacer para encontrar la forma de vivir con ella semejante experiencia hogareña? Era la pregunta que bullía en nuestros cerebros.

Sin poder aguantar más, pregunté:
-¿Mamá que le pasa a la niña, porqué no ha ido al cole?
-Tiene rubeola y es muy contagioso, ni se os ocurra tocarla,  ni a ella ni su comida.  
 

Nos miramos inquietas. Teníamos que hablar. Eso significaba una reunión “hermandil” inmediata. Terminamos rápidamente los deberes y salimos a jugar.

Apartadas del férreo control de mamá,  las ideas y palabras fluían a borbotones. 

Esperamos a que mamá, como todos los días, saliera a lavar a la terraza. En cuanto la vimos restregando el primer pañal, entramos atropelladas en el salón.
La primera fui yo, que mirando amenazadora a la niña, le ordené:
– Saca la lengua todo lo que puedas que te la voy a chupar.
La pequeña,  sin rechistar, sacó la lengua estirada y yo saqué la mía. Las rozamos un buen rato, había que asegurarse el objetivo.
Las otras 4,  hicieron lo mismo.

Solo teníamos que esperar los resultados médicos. 

Fue maravilloso, todas enfermas en casa, en pijama, sin trenzas, sin cole y con mamá dándonos mimos. 

 

PilinguiñaContagiada

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9 comentarios »

  1. Delicioso cuento para leer esta tarde de domingo. Gracias por compartirlo con todos nosotros.

    Por cierto, me he dejado medias gafas con esa letra jajajajaja

    Comentario por Ernesto — 20 abril 2008 @ 4:53 pm | Responder

  2. Muy buena la elección de la forma de contagio… !que gracia!

    Comentario por maraviaja — 20 abril 2008 @ 5:34 pm | Responder

  3. Gracias mil. He aumentado la letra.

    Comentario por Pilinguiña — 20 abril 2008 @ 5:37 pm | Responder

  4. Mi imaginacióm se ha disparado por otros territorios poco adecuados al tono, al asunto y al tema de la narración. Miedo me ha dado al pensar si esto es producto de una enfermedad freudiana latente y desconocida, hasta ahora, por mí. Qué cosas provoca la lluvia tras los cristales.

    Comentario por Rafael — 20 abril 2008 @ 7:35 pm | Responder

  5. Hola guapa!!!! muy buenos! me rio mucho, ya me dirás si son de verdad o no!. Te tenía que preguntar si a Andrea le dieron la beca a Londres? porque a mi me la han dado a Glasgow (Escocia) el año que vien. un kiss

    Comentario por _Candela_ — 20 abril 2008 @ 11:57 pm | Responder

  6. Sigue, PIlinguiña, que eres la que más recuerda y, sobre todo, la que mejor lo cuenta. Espero más.
    Defintivamente espera comentarios de los surcos en verano, no consigo sacar tiempo seguido, bueno, de calidad.

    Comentario por irma6 — 21 abril 2008 @ 9:09 pm | Responder

  7. “Mi madre era poseedora de una extraña virtud que consistía en reflejar en su rostro una zapatilla voladora que era capaz de lanzar, a una velocidad, que ni los olímpicos.”

    Esa frase ha sido buenísima, me ha encantado.

    “- Saca la lengua todo lo que puedas que te la voy a chupar-.”

    Y esto ya… Como Rafael… Estoy muy mal.

    Pero me ha gustado el relato, muy bueno.

    Comentario por Lochi — 23 abril 2008 @ 4:05 pm | Responder

  8. Desde luego, no defraudas…. la verdad es que es muy gracioso, lo que llegamos a hacer de pequeños, me recuerda cuando deseaba tener “acetona”,para que me diesen coca-cola….

    Comentario por Rita — 23 abril 2008 @ 6:27 pm | Responder

  9. Rita lo de la acetona, me lo quedo. Es muy bueno :))

    Comentario por Pilinguiña — 8 mayo 2008 @ 2:06 pm | Responder


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