Pilinguiña

23 junio 2008

MI SEGUNDO DELITO

Filed under: Cuentos — Pilinguiña @ 9:59 pm

La botella de aguardiente de guindas había sido un objetivo de mi mejor amiga desde que teníamos 14 años. Su primo mayor le había contado las bondades de la borrachera de aguardiente sobre todo  si te la bebías rápido y te tomabas las guindas.

Esperó a que cumpliéramos los 15 para realizar el latrocinio al mueble bar. Sin ningún temor, cogió la botella entregándomela para que la sacara de su casa. Sentí como mi cuerpo absorbía su mismo coraje y acepté forajida, a guardarla en el abrigo y salir corriendo hasta la puerta del metro, esperando ya sin valor, a que apareciera sana y salva.

Llegó corriendo y riendo contenta. Resolvimos ir a un parque donde,  detrás de unos matorrales, nos bebimos la mitad de la botella. Fue cuando intenté meter la última guinda en mi boca cuando mis piernas dejaron de obedecer las órdenes de mi cerebro. Entre risas tontas y caídas al suelo, decidimos que era hora de que el mundo nos reconociera. Nos sentíamos grandes, guapas, mayores, inteligentísimas y sinceras.

Entramos en la fiesta de los mayores y universitarios  fuertes y decididas a darlo todo en la pista. Sentía como la música inundaba mi corazón disfrutando contenta. Me pasé un buen rato bailando, cuando me cansaba, abrazaba a mi amiga.  

Dos tíos mayores se acercaron. Mientras uno intentaba bailar pegado y de paso tocarle el culo a mi amiga, el otro mucho más hábil, intentaba llevarme a su coche.

-Vámonos de aquí, esto está lleno – dijo bondadoso el listo – el aire en el coche te sentará de maravilla.

-Esfera – farfullé – tengo que haflar jon fiamiga – pensando que me había ligado a un mayor ¡Dios mío, un tío mayor enamorado de mí! Se lo tengo que decir.

-Lo que quieras bonita – dijo con sonrisa de hiena al comprobar que era presa fácil – ven que te llevo, agárrate con fuerza.

Fue al despedirme cuando mi amiga decidió no soltarme la mano. Mientras ella tiraba de mí, el chico intentaba que me soltara. Hubo un momento de tira y afloja entre gruñidos del uno y la obstinación de la otra.

-¡Je me dejís en pas joderrr!-  grité mareada,  sintiendo mi estómago reverdecer.

Mirando embobada a los ojos del ansioso pretendiente, le puse en la solapa,  entre otras cosas de cierto color y olor extraño,  las famosas guindas.

PilinguiñaFacinerosa

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5 comentarios »

  1. Eso mismo le pasó a una amiga mía. Yo me perdí la escena, pero me hubiese gustado ver la cara de su acompañante: un pijo con el pelo súper engominado cubierto de vómitos. Yo me partía cuando me lo contaba, ja,ja,ja. Ya me había olvidado, pero al leer tu historia me ha venido a la mente rápidamente, ja,ja,ja

    Un abrazo

    Comentario por dostospos — 25 junio 2008 @ 1:45 am | Responder

  2. No recuerdo bien como era aquel “Mayor”, (que por supuesto se largó pitando), lo que no olvidaré nunca es el color de aquello que le regalé. Era como un pastel con guindas. Pobrecito :))

    Comentario por Pilinguiña — 25 junio 2008 @ 4:31 pm | Responder

  3. Como HaBrEis doRmido eSa NoChe?¿ Me GuTo Mucho la FluIdeZ

    Comentario por juanramondelrosario — 25 junio 2008 @ 8:48 pm | Responder

  4. Al final logró su objetivo, se hizo con parte de tu cuerpo, que es lo que quería jajajajaja

    Besazo

    Comentario por Ernesto — 26 junio 2008 @ 10:04 pm | Responder

  5. Pues sí jejeje

    Comentario por Pilinguiña — 27 junio 2008 @ 10:03 pm | Responder


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