Pilinguiña

13 mayo 2008

YO, NO SOY ESA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 2:26 pm

Hoy he estando revisando mis fotos. ¡En qué hora!

En cuanto he abierto el álbum he sentido la nostálgica tristeza que sienten las mujeres desmemoriadas e incautas como yo.

No se porqué optimista razón espero encontrar alguna foto actual con la que deleitar a mi Ego, fracasando dolorosamente en el intento.

Recuerdo que cuando era jovencita me encantaba hacerme fotos. Las organizaba garabateando frases cortas para la memoria. “Pilinguiña, 14 años”, esto recuerdo haberlo escrito para que nunca se me olvidara lo mayor que parecía a esa edad.

Desde hace tiempo cada vez que me hago fotos, después de romper las que no me gustan (más de la mitad), las introduzco desordenadas dentro de un cajón.

Ahí quedan arrinconadas hasta que supero el mal momento que, con el paso del tiempo,  olvido por optimista.

Cuando me animo a verlas de nuevo, siento como la realidad me abofetea sin contemplaciones.

Esa foto en la que estoy metida en un viejo televisor, con dos coletas rubias y una sonrisa feliz.

Aquella de los pantalones cortos, prietos, carnes escasas y sin un atisbo de celulitis.

En la que estoy haciendo que surfeo y tengo el pelo corto, esos brazos y piernas, bronceados, delgados y fuertes.

La del bikini minúsculo, con el pelo largo y ¡Sin Meter Tripa!

Yo, ya no soy esa.

Después de limpiarme las lagrimitas de añoranza, he decidido solucionarlo para siempre.

Voy a ilustrarme en lo del fotosop, para quitarme las manchas de la piel, ocultar la celulitis, meter barriga, subir ombligo, bajar las lorzas, eliminar arrugas, borrar ojeras y hacerme con el efecto, labios carnosos.

Solo con estas menudencias, yo, seré…

PilinguiñaEsa

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10 mayo 2008

DEL COLESTEROL A LA CÓLERA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 11:36 am

He ido a ver al endocrino para comprobar el estado de las tontas de mis tiroides. Éstas, me ha dicho que están estupendas y lo cierto es que yo me encuentro de maravilla.

Pero hete ahí que, como dicen los viejos, es mejor no ir al médico que siempre te encuentran algo.

Ese algo, es colesterol alto, muy alto, altísimo.

El buen hombre que tiene voz de seminarista convencido, intentaba hacerme comprender lo importante que es no tener colesterol, “plantificándome” una dieta que no me permitiría comer nada más que lechuga y pollo.

-Tienes que comer sin grasas.

-Pero, doctor – protesté cariñosa – me encuentro de maravilla, estoy en mi peso- contesté poniendo cara de tontorrona.

-Tienes que comer sin grasas – insistía.

-Ya, bueno, es que trabajo todo el día – dije pensando en mi trabajo, mi blog y mis historias.

-Tienes que comer sin grasa – de nuevo,  erre que erre.

-Ya, bueno, es que se me queda la cara rechumida – dije convencida de que  me iba a decir que no me preocupara, que tampoco era para tanto.

-Tienes que comer sin grasa – continuó repitiendo y a mi me estaban empezando a dar ganas de gritarle. ¡Como me lo vuelva a repetir, dejará de preocuparse de mi colesterol para preocuparse de mi cólera!!

Con un poco de tonito comenté

-Ya, pero es que trabajo y no tengo tiempo…

-Tienes que comer sin grasas – repitió sin dejarme terminar.

A punto de dejarle allí y largarme dando un portazo, respiré profundo. Por un momento, dudé ¿lo estaría repitiendo en un intento de hipnotizarme? No podía ser. Necesitaba que me entendiera, era mi doctor, mi protector, mi motivador de la salud. Por ello, más tranquila aseveré:

-Verá doctor, le aseguro que nunca he estado mejor.

-Tienes que comer sin grasa – continuó el insaciable -¿fumas?

Ahí me han dado. Con la iglesia hemos topado. Claramente no estaba dispuesto a concederme ni un minuto de tregua, ni tener conmiseración conmigo.

-Sí, pero poco – dije mintiendo.

-Túmbate – solicitó con esa voz de ora pro novis -¿Ves estas lorzas de los costados?

-¿Lorzas? ¿Estaré soñando? ¿Cómo osa? ¿Lorzas yo?

-Ya, – dije nerviosa – pero es que algo de grasa hay que tener ¿no? – continué a punto de llorar intentando reconducir la conducta del grosero doctor que ni era seminarista, ni cristiano.

-Tienes que comer sin grasa – dijo de nuevo el talibán.

Me levanté dando por finalizada aquella visita. Él insatisfecho, cambió inmediatamente de táctica. No me iría sin un poco más de su medicina.

-Nos vemos dentro de un año y …  hablamos del tabaco.

Ahora sonreía como hiena satisfecha.

A la mierda, llevo tres días a ensaladas y pollo.

PilinguiñaADieta

1 mayo 2008

LO QUE ES IMPOSIBLE, NO ES POSIBLE

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 8:24 pm

 

Hoy me he levantado 10 minutos antes.
Me había dicho que por fin lo iba a conseguir. Haría lo que fuera necesario, aunque en ello  me fuera la vida. El deseo por conseguir mi objetivo, se apoderó de mí. Para ello, aunque siempre desayuno antes de la ducha, en esta ocasión decidida y obsesionada por conseguirlo, cambié mis costumbres.

Mientras el microondas daba vueltas al vaso de leche, abrí el grifo de la ducha.

Mientras me desnudaba, bebí el café.

Mientras bebía el café, enchufaba el secador.

Mientras con una mano me restregaba, con la otra me lavaba el pelo.

Mientras me secaba, puse en marcha el secador,  con el potencial peligro de electrocución inmediata.

Mientras atusaba mi pelo, escogí las bragas adecuadas al pantalón.

Mientras me vestía, decidí que pendientes iba a ponerme.

Mientras me ponía los pendientes, encendí un cigarro.

Mientras fumaba,  escuché las noticias.

Mientras escuchaba las noticias, cogí el bolso, las llaves del coche, el abrigo y llamé al ascensor.

Mientras llegaba el ascensor,  me pinté los labios.

Mientras me pintaba los labios,  recordé que no me había echado desodorante.

Mientras volvía al baño,  me cagaba en todo lo que se meneaba.

Mientras arrancaba el coche, me puse el cinturón.

Mientras otros hacían cola,  yo me colaba por cualquier espacio escuchando indolente los claxon del personal, incluido algún grito de guerra machista.

Mientras aparcaba, cogí el bolso y el abrigo.

Mientras subía al ascensor,  no quise mirar para él.

Solo cuando abrí la puerta de la oficina lo supe.

Mi objetivo era imposible, nunca lo conseguiría, era incapaz, inútil.

Llegué, como siempre, DIEZ minutos tarde.

 

PilinguiñaImpuntual

 

 

 

23 abril 2008

EL MÉDICO Y LA SUEGRA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 8:55 pm

Ese frío día de invierno me encontraba enferma y en la cama con lumbago.

Por la ventana de mi cuarto veía la fría lluvia caer con fuerza,  mientras me acurrucaba con mi edredón, encantada de disfrutar del calorcito y de un día de descanso.

Llamé al trabajo y al médico.
Cuando sonó el teléfono, una voz, masculina, profunda, intensa y a la vez juvenil,  me preguntó
¿Pilinguiña?
– Sí, soy yo – dije alegremente –
– Soy el Dr…
– ¡Ah! sí…– cambié de inmediato mi tono, fingiendo voz de enferma terminal. –dígame-susurre.
¿Su casa es en ….?
-Sí- dije con ese hilo de voz simulado.
-Voy para allí.
Sonó el timbre de la puerta. Mientras mi  suegri,  muy atenta abría la puerta, yo modificaba mi fisonomía,  pasando de lumbago doloroso, a parálisis total.
Cuando apareció en la puerta de la habitación, creí estar soñando.
Era un tío de unos 28 años, alto, delgado pero fuerte, melenita castaño claro con flequillo a un  lado. Llevaba colgada una mochila y en la mano un casco. Vestía vaqueros prietos,  el pantalón, el culo, el pecho, todo prieto.
Se agachó y con una voz aterciopelada, me mostró su hermoso rostro de cerca, diciéndome:
-¿Dónde te duele?

-Al final de la espalda, me duele mucho- dije hipócrita y con cara de imbécil.
A ver- dijo él separando el edredón y dejándome en pijama, allí desarmada. -Sube la pierna, ¿te duele?.
-Mucho- dije mientras pensaba, “lo que me duele es no estar soltera y que mi suegri esté en casa”.
-Bueno pues te tomas estas pastillas y aquí tienes la baja.
Se levantó, se atusó su bonito flequillo y allí me dejó sola, terriblemente sola.
Cuando se cerró la puerta, me levanté como atontada, no podía creerme que hubiera un médico tan espectacular en el mundo. Encontré a mi suegri medio desmayada en el sofá, con la mirada perdida.
-¿Qué te pasa abuela? ¿estás bien?- Pregunté intentando disimular mi ofuscación mental

-Me duele la cabeza, por cierto, ¿era muy guapo el doctor, verdad?–

Por su expresión iluminada supe que  la cabeza le dolía de pensar cómo justificar a su hijo que necesitaba cambiar,  de inmediato,  de doctor de cabecera.

 

PilinguiñaCurada

16 abril 2008

A LO HECHO, PECHO

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 9:00 pm

Cuando estamos en edad fértil,  parece que unas mujeres a otras nos contagiamos el deseo de la plenitud maternal con esmero y sin ningún pudor.

Nos decimos sin miramientos y con un poco de “joputez” entre nosotras aquello de:

Qué maravillosa la maternidad.

Qué triste la mujer sin hijos.

No somos nada sin parir y sin amamantar.

No existimos plenamente sin esa maravillosa sensación del amor materno.

La vida sin la maternidad no tiene sentido.

Qué placer un bebé entre los brazos.

Qué unión tan maravillosa entre la pareja.

No hay deseo real,  si no queremos tener un hijo suyo.

La plenitud como mujeres solo la alcanzamos siendo madres.

¡Y, la mayoría tragamos! ¡Qué poca solidaridad!

Crédulas, inocentes y totalmente ignorantes, nos ponemos a ello. Incluso algunas pasamos por verdaderos calvarios para lograrlo.

Barrigonas nos deleitamos copiando a las actrices de jolibú, en nuestra hermosura barriguil. Cierto es, que en este periodo te lo crees todo. Hasta aquí, tiene un pase.

Luego a parir… dolor, sangre, se te abren las entrañas… pero tú tan contenta.

Una vez abiertas, aparece aquel  ser pequeñit@ que solo tiene ojos, ojazos diría yo, para tí. Lamentablemente, en este punto de tu plenitud, lo que has hecho, ya no tiene remedio.

Te enamoras como una imbécil de ese ser maravilloso y adorable que ha salido de tu cuerpo. Durante 6 años eres correspondida plenamente. Te mirará con amor eterno.

En estos primeros años, no importa que la leche de tus pechos se te esparrame por la cama.

Que te pases el día mirando  si hace caquita o no hace caquita  y el color de su mierdecilla.

Que le estés limpiando todo el día el culo,  ni que vayas de culo entre el curro, la casa y tu maravilloso bebé. No importa que sus lloros sean tus lágrimas.

Que conozcas las urgencias del hospital más cercano, mejor que tu casa.

Que tus relaciones amorosas casi desparezcan por dedicación total y plena a esa criatura de tu amor para siempre.

Cuánta mala baba hay entre nosotras. ¿Porqué las mujeres no decimos la verdad?

Que esto,  solo dura 6 años. ¿Qué son 6 años de tranquilidad en 85 que vivimos de media las mujeres?. Nada, no son nada. Pasan sin sentir.

A partir de los 6 años y un día comienza la montaña rusa.

Que si no va contento al cole.

Que si le pegan

Que si pega

Que si no estudia o no lo hace suficientemente

Que si miente

Que si no sabe decir no

Que no le vemos feliz

Lo más difícil es el sufrimiento y el pánico que recorre de nuevo tus entrañas ante la posibilidad de le pase algo grave.

 

Y así hasta los 11 añítos de nuestra hucha favorita. Porque intentaremos dejar todo nuestro sueldo en que a la criatura no le falte el mejor colegio, las mejores actividades, los mejores juguetes  y la profe de inglés.

Ya ni cuento las veces que en estos años hemos ido al colegio a matricularles, hablar con los profesores, coser los trajes de carnaval, preparar los cumpleaños felices. Todo ello con la angustia de que estás faltando al trabajo,  aparentando ser una mujer poco “operativa” y “productiva”.

 

Las mujeres nos han dicho que esto no es nada, ahora, a partir de los 11 añitos,  esperamos la felicidad máxima ya que nuestro hij@ será maravilloso porque lo hemos criado con todo nuestro amor. No le ha faltado de nada. Todo para él/ella. Será solidari@, será buen amig@, será buen conversad@r, será cult@ e inteligentísim@, sobre todo, será muy feliz y un amantísim@ hijo/a agradecid@ por el amor y protección que le damos permanentemente.

 

Pero hete ahí, que la adolescencia por fin,  te quita la venda de los ojos.

Coño, mira tú que ya no es tan gracios@,  ya no es tan guap@, ya no es solidari@, ni buen conversador/a, ni cult@, es infeliz y parece tont@ de baba. Sobre todo, no es agradecid@. Le sobra toda la protección y amor que le damos permanentemente.

Se ha desenamorado. ¿Y tu? Como una gilipollas, detrás, babeando, suplicando las migajas del poquito amor que le pueda quedar hacia su madre amantísima.

¡Pues no!, en esta etapa (12 a 17), no te dará ni las migajas.

Pero tú incansable, enamorada hasta las trancas,  las esperas mientras.

Sube en la moto a todo meter.

Sale hasta las tantas mientras ver pasar por tu mente todos los peligros habidos y por haber de la noche. Os aseguro que no hay mente más imaginativa que la de una madre desvelada.

Suspende o aprueba, mientras la imaginas  embarazada del  canallita ese que puede tener cualquier enfermedad. O te ves abuela de la lagarta esa despechugá por la que pierde el sentido.

 

A partir de aquí, tú sigues más enamorada y más jodida,  si cabe, que siendo sinceras, no cabe más.

Y todavía, las mujeres intentamos convencernos entre nosotras. ¿Cuántas veces nos dirán otras mujeres aquello de “pero dan tantas alegrías”… sí, sí, espera y verás.

 

Porque, la pasión por los hijos no tiene medida ni  sosiego, cada día le quieres más y más. Matarías y morirías por él/ella.

 

Mientras esperas, ya que no te queda otra a que madure, entras en la menopausia, que como sabemos, son momentos en que las mujeres necesitamos paz y tranquilidad, pero no tienes tiempo ni de coger el abanico para “dessofocarte”. !No hija no!, tu amor enloquecido te llevará a acudir  corriendo al banco a por dinero que necesita la criatura para salir el fin de semana.

No engañemos más a nuestras congéneres. Por favor, seamos sinceras.

 

He sido solidaria y sincera como mujer, como madre, opino todo lo contrario. No cambiaría ni un ápice al amor de mi vida, mi estupendo, sensible, educado, simpático, alegre, conversador, feliz,  inteligente y guapísimo hijo.

 

PilinguiñaMujer

13 abril 2008

LA COFIA DE LA ENFERMERA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 4:39 pm

Muy sorprendida he leído y escuchado lo ocurrido en una clínica denunciada por sancionar a las enfermeras debido a su falta de uniformidad, y que ello es debido la tiranía machista exclusiva de los hombres.

Vamos bien cuando las mujeres no utilizamos la autocrítica en estos temas. Estamos listas.

Yo estoy convencida de que la culpa  también lo tenemos nosotras, incluso considero que somos mucho más culpables por falta de solidaridad y sensibilidad con nuestras congéneres.

Ningún empresario, no por principios, sino por miedo, se hubiera atrevido a tomar la decisión de sancionar a una mujer por no llevar un uniforme vejatorio, insultante y ridículo, sin que nosotras aceptemos, con odiosa naturalidad, la realidad de estas vestimentas.

A los hombres, les falta sensibilidad e inteligencia emocional para darse cuenta de cuan humillante es la parte del uniforme del que todos se olvidan: La Cofia. Sin embargo nosotras, que las cazamos al vuelo, no decimos nada sobre esa pieza del uniforme que debería avergonzarnos a todas.

¿O es que ninguna hemos visto las cofias de las enfermeras, auxiliares y camareras en estas clínicas? ¿Cuántas de nosotras hemos presentado una reclamación o queja? ¿Cuántas, a pesar de ser conscientes del menoscabo que sufren estas mujeres,  hemos pedido la retirada de las cofias denigrantes?

Desde mi punto de vista, las dos partes de esos uniformes, nos dañan por igual.

Los hombres les obligan a las falditas y nosotras a la cofia decorativa.

A mi, como mujer,  me resulta mucho más indigna la cofia a modo de “chacha de casa bien” que les obligan a llevar tanto a ellas, como a las auxiliares y camareras de estas clínicas. Sin olvidar  tampoco esas cofias obligatorias para las asistentas de muchas viviendas donde las jefas somos nosotras.

Sin esta  autocrítica, muchas de nosotras mantendremos inconscientemente la justificación perfecta causante de estos delirios masculinos.

Taconazos que destrozan los pies, sirven de justificación para encontrar “poco elegantes” a aquellas que van felices con sus zapatos planos.

Vestimentas apretadas e incómodas, sirven de justificación para encontrar “horteras” a aquellas que van felices con sus pantalones o vestidos holgados.

Pinturas, solarium, tintes, secadores, que machacan la piel y el cuero cabelludo, sirven de justificación para encontrar “machorras”  a las que van tan felices con la piel al aire y las canas al viento.

Estos empresarios no harían lo que hacen sin que a las tontas de baba de algunas féminas,  no les sedujera como a muchos hombres, ver mujeres abnegadas y subyugadas al igual que ellas.

Más solidaridad entre nosotras y vergüenza torera  empezando porque todas hemos estado en estos lugares y ninguna hemos denunciado este permanente y doloroso atropello a la dignidad de las mujeres.

Estas clínicas privadas, obsoletas, añejas y arcaicas, son de una gilipollez y tontería, que me dan dolor de cabeza. Me voy a la Seguridad Social.

PilinguiñaAutocriticada 

28 marzo 2008

EL DÍA QUE PERDÍ LA INOCENCIA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 6:14 pm

Era mi primera vez. La primera que me sentaba cerca de un chico en toda mi vida.
Fue en clase. Era el examen final y nos había dicho la profe que vendrían los chicos del colegio de enfrente a sentarse con nosotras.
Mi colegio era de chicas, en mi casa, salvo mi padre, todas éramos niñas y solo tenía amigas niñas (por aquello de la decencia, decía mi padre).
La emoción me hacía temblar, me decía, un chico, un chico a mi lado, Dios mío, que tembleque.
Todas reíamos nerviosas, había una gran excitación, se oía un murmullo mezcla de risas y confidencias.
Empezaron a entrar, y allí apareció él, alto, rubio y de ojos azules. Tendría unos 10 años… se sentó a mi lado en el pupitre.
No me atrevía a mirar, la respiración entrecortada, me estaba poniendo tan nerviosa que  bajé la cabeza. Solo veía el papel del examen.
Sabía que esa emoción era pecaminosa,  pero no podía controlarlo.
Notaba que él me miraba aunque no podía verme por el pelo y mi cabeza agachada.
Me armé de valor, deseaba tener una gran aventura, los chicos, esos desconocidos, esos que besan y abrazan en las pelis.
Levanté la cabeza y le miré directamente a los ojos.
Inmediatamente mi dulce expresión bobalicona, se tornó en cara de repugnancia.
De aquel hermoso rostro, sobresalía la nariz, saliendo por un orificio un globo verde claro y por el otro, una pegajosa sustancia amarillenta.
Allí perdí la inocencia
PilinguiñaCándida

27 marzo 2008

LA PILINGUIÑA QUIERE SER FRANCESA

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 8:25 pm

Salió el sol y después de un invierno de desmelene, animada y decidida me dije, – va siendo hora, hay que hacerlo, no puedes dejarlo ahora, la cera está caliente-.
Con la cera en la espátula, me espatarro toda, echándome la cera por los laterales de la entrepierna.
Primero me quedo bizca, después a grito pelado …joderrrrr Dios Mío,  para que lo he hecho uffff, uffff soplando.
Ahora hay que tirar, con dos ovarios, venga tía, coño, tú puedes, que no se diga.
En esos momentos,  pienso en las francesas, mujeres geniales que van con los pelos al aire y tan felices.
También en la cuchilla, llevan años diciéndome que con la cera los pelillos salen flojos, y una mierda, no hay quien debilite a estos desalmados.
Agarro la esquina de la cera, me pellizco la otra pierna para aguantar el dolor, y tiro, Diooosss como duele. Ahora ya no me puedo arrepentir, tengo que tirar de la otra.
-¿Mamá qué pasa? – preguntó asustado mi hijo.

-Nada cariño,  que tu madre está penando el abandono invernal, muy duramente, eso sí. Recuerda amor mío, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Valiente y jabata me fui a por las axilas. Después de lo de la entrepierna, me sentía una gran mujer, fuerte, leona, una roca.
Lo hice, me los quité todos.
Lo he pensado y decidido, je suis francais y que Vive la France.

 

PilinguiñaAfrancesá

26 marzo 2008

EL ESPEJITO MÁGICO

Filed under: Mujeres — Pilinguiña @ 11:13 pm

Hoy he ido de compras.
Había un vestuario de esos con mil espejos, de los que te ves perfectamente por detrás.
!Dios mío!, ha sido increíble. Me caen dos mollejas, una a cada lado de la cintura, tipo tetas de africana con 12 hijos.
Pero, ¿para que coño ponen esos espejos? Yo que estaba convencida de que tenía por detrás cintura de avispa.
Ha sido tan decepcionante como aquel día en el que descubrí que no era la niña más guapa del mundo. Algo que creía desde mi nacimiento, a pies juntillas.

Fueron dos hombres los que me sacaron de mi craso error. Un dentista y un adolescente.
Ningún dentista es bueno ni noble.
Bien, resulta que tendría unos 11 añitos. Estábamos en casa con mamá. No se como ni porqué, se presentó un dentista a visitarnos.
Mamá, le enseñó la dentadura de mi hermana mayor. Yo, envidiosa y deseosa de escuchar también de aquél desconocido lo preciosísima que era, la dentadura nunca vista y espectacular que tenía a mi tierna edad, le eché mi mejor sonrisa diciéndole
– ¿Y yo? ¿yo como la tengo? abrí mucho la boca para que viera la maravilla en todo su esplendor.
Trágicamente en vez de escuchar
-Nunca he visto boca más preciosa, ni niña tan divina que la contenga, escuché:
-Es terrible, tiene todos los dientes torcidos.
Al decirlo un médico, me hizo dudar, fui corriendo a mi espejito, el mejor amigo de mi niñez, mi sonrisa se tornó en mueca, tuve un momento de verdadero dolor. Efectivamente, mis dientes estaban torcidos.

Qué hijoputas son los dentistas.

El otro hombre que me hizo ver la cruda realidad fue aquel adolescente musculado que veraneaba como nosotras en Alicante. Estaba convencida que moría por mis huesos.
Increíblemente, (pues mi belleza era incomparable), miraba más a otra, la guarrilla de la pandilla.
Atrevida, una tarde calurosa de verano, después de estar haciéndonos mil aguadillas y de paso sobándonos todo lo que podíamos, le pregunté conociendo la respuesta que solo podía ser una:
-¿quién te gusta más? convencida de que la verdad saldría de su boca. Diría que me adoraba
-Cuca, me gusta Cuca.
¿Cómo?. No podía ser cierto, pero si cuando bailaba, movía la pelvis como si follara, la muy zorra.
-¿Por qué? le pregunté todavía dudosa con su respuesta. ¿Sería por bondad, por no hacer daño a la guarrilla que se veía enamorada hasta el tuétano de él?
-Porque es la más guapa. Mucho más que tú.

Así es como son las cosas.

Lo que durante años, fue mi compañero, mi reflejo de amor a mi misma, mi amado espejo, hoy es mi mayor enemigo y el doloroso reflejo de que la molleja, se te queda, por vieja.

Moraleja. Nunca, jamás, entréis en boutiques caras por muchas rebajas que anuncien. Seguro que el dueño es un dentista.

PilinguiñaMollejera

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